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140 años después, todo sigue igual

Este año se celebra el 150 aniversario de la unificación de Italia a cargo del que sería el primer rey italiano, Vittorio Emanuele II, y el general Giuseppe Garibaldi, el gran héroe de Italia.

Pocos recuerdan que de 1870 a 1873 reinó en España un rey llamado Amadeo de Saboya, elegido por consenso entre varios candidatos internacionales tras la revolución de 1868 (la Gloriosa), que acabó con el reinado de Isabel II. Podemos decir que al pobre le tocó reinar en un momento en que España estaba debilitada política, económica y socialmente.

Si Amadeo de Saboya es un rey desconocido entre los españoles, más desconocido aún es que Amadeo era el segundo hijo de Vittorio Emanuele II y tataranieto de nuestro Carlos III. Es decir, que podemos intuir que, en lo tocante a unificaciones y a arreglar un país, Amadeo debía saber algo. Aunque sólo fuera lo que escuchaba en casa, mientras su madre y su padre hablaban de sus cosas:

– Vamos, Vittorio, termínate los tallarines a la marinera, que tienen mucha energía. Que luchar contra los austriacos es lo que tiene, que desgasta mucho.

– Que no puedo, Adelaida, que no se me quita de la cabeza esto de conseguir que las potencias europeas nos respeten un poco. Que tenemos una cultura milenaria, que estamos todos los italianos peleados entre nosotros y lo que hace falta es un poco de sentimiento de comunidad.

– Pues no pides tú nada. ¡Amadeo, no te metas el dedo en la nariz!

– Sí, mamá.

– ¡A ver si aprendes de tu padre, que algún día será alguien importante! ¡Y no como tú, que nadie se va a acordar de quién eres!

El caso es que Amadeo de Saboya se convirtió años después en rey de España, y lo que le esperaba no debía ser fácil: guerras carlistas, guerra de Cuba, la Iglesia que quería conseguir más poder político, los liberales que se llevaban a matar entre ellos, los monárquicos de uñas deseando que volvieran los Borbones, presidentes que duraban meses, insurrecciones republicanas… Y el pueblo en contra de él, pensando que sólo era un extranjero que metía la nariz en asuntos ajenos.

Amadeo no tardó en marcharse de este país de locos. Su discurso de renuncia es uno de los mejores diagnósticos de la vida política y social española:

Dos años largos ha que ciño la corona de España, y la España vive en constante lucha, viendo cada día más lejana la era de paz y de ventura que tan ardientemente anhelo. Si fueran extranjeros los enemigos de su dicha, entonces, yo, al frente de estos soldados tan valientes como sufridos, sería el primero en combatirlos; pero todos los que con la espada, con la pluma, con la palabra agravan y perpetúan los males de la nación son españoles; todos invocan el dulce nombre de la patria; todos pelean y se agitan por su bien, y entre el fragor del combate, entre el confuso, atronador y contradictorio clamor de los partidos, entre tantas y tan opuestas manifestaciones de la opinión pública, es imposible afirmar cuál es la verdadera, y más imposible todavía hallar remedio para tamaños males.

Han pasado casi 140 años desde que Amadeo I de Saboya pronunció estas palabras, y todo sigue igual: cada día que pasa vemos más lejana la época de paz y de ventura; unos cuantos españoles de uno y otro bando afilan sus plumas y sus palabras para que todos nos enfademos unos con otros, perpetuando las miserables dos Españas que han de helarnos el corazón; todos pelean y se agitan por su bien…

Pero lo que más me impresiona es la descripción de la clase política: confuso, atronador y contradictorio clamor de los partidos.

140 años. Y no hemos avanzado nada.

Por qué no hay una democracia real en España (en ocho sencillos pasos)

La semana pasada regresé de Palermo, donde he estado viviendo algo menos de dos meses. Sí, todo el mogollón del 15M me ha pillado fuera. Así que llevo unos días leyendo todo tipo de blogs, hablando con amigos, informándome en las asambleas… Poniéndome al día, en fin.

En estas semanas, como digo, me ha dado tiempo a leer unos cuantos artículos sobre el zoológico en que se ha convertido la política en España. Y mientras saco tiempo para escribir algo, quiero dejaros uno de los mejores artículos que me he encontrado. Pertenece a un excelente blog de humor llamado “El porqué de una mosca encerrada“. La entrada en cuestión se llama “Por qué no hay una democracia real en España (en ocho sencillos pasos)” y comienza así:

Si decimos que en España no hay una democracia real lo decimos por algo.
Lo digo porque hay por ahí quien afirma, cual en canción de Ketama, que estamos locos y que no sabemos lo que queremos. Para contribuir a rebatir esta chorrada tan sumamente gorda hemos confeccionado una lista con los ocho motivos de por qué en España no hay una democracia real. Ocho, que podrían ser más, y ordenados subjetivamente por un servidor de ustedes. Y motivos, ojo; no propuestas. Aquí no proponemos ni listas integralmente abiertas ni sufragios radicalmente representativos. Por no proponer es que no proponemos nada. Esto es una humilde lista, no un manifiesto. Así que explicamos, sin más, el porqué de que estemos tan hasta los cojones en ocho sencillos pasos. De forma fundada –que es como se razonan las cosas–, con un poquito de sentido del humor –que es de lo que va este blog–, concatenando –para amenizar– y, sobre todo, humildemente y sin querer ir de originales –porque entre machaconas y obviedades, todo lo que se dice aquí se ha dicho ya en muchos otros sitios–. Y erradamente en algunas cosas, seguramente, porque ni soy leguleyo ni miren, ganas que tengo. Aún así, les animo a leerse el tocho, de una sentada o por entregas, o parte de él. Les anuncio, por cierto, que el primer punto es el más coñazo, pero que después la cosa mejora. Y si les gusta, a que hablen de lo que aquí hablamos. Porque hay que difundir la palabra, porque concentrarse y hacer bulto no lo es todo y porque además no sólo de retweets vive el revolucionario. Ésta es nuestra pequeña contribución a todo esto.

La entrada no tiene desperdicio, aunque el mismo autor reconoce algunos errores en algunos tecnicismos. Os recomiendo que la leáis y, si os parece oportuno, escribir algún comentario.

Podéis leer la entrada completa aquí.

Analizando los análisis

Tras una semana tan intensa y un domingo noche tan previsible, la información que emiten ahora los diferentes medios es bastante exagerada, del tipo: “Aplastante victoria del PP”, “El PSOE se disuelve”, “El movimiento del 15 M pierde fuerza”… Afortunadamente, ahora sabemos que la información es una cosa y los medios son otra. No quiero decir con esto que los medios mientan, por supuesto. Pero recordemos que ellos ejercen la función de filtro para darnos todo masticadito según consideran ellos apropiado.

Todos conocemos los hechos. Ha habido una crisis, ha habido una política económica errónea, ha habido una oposición, ha habido una movilización ciudadana mayor que las huelgas organizadas por los sindicatos, ha habido unas elecciones y ha habido unos resultados. Hasta ahí todo bien. Pero…

Si aplicamos la célebre fórmula del vaso medio lleno o medio vacío, nos daremos cuenta rápidamente de que el PP no ha ganado. Ha sido el PSOE quien ha perdido. Que es lo mismo, pero no es igual. Del mismo modo que en el 2004 perdió el PP por su mala gestión de la información sobre los atentados del 11M.

¿Qué significa esto? Varias cosas. Para explicarme mejor, me remito al gráfico que está circulando estos días por internet: el porcentaje de voto en estas elecciones con respecto al número total de ciudadanos con derecho a voto.

En primer lugar, vemos que el PP se ha llevado un 24 % de los votos posibles. Esto significa que sólo uno de cada cuatro españoles confía en el PP. Uno de cada cuatro. Este porcentaje, además, es muy similar al de cada convocatoria electoral. El PP sabe que se mueve en una horquilla de entre 9.700.000 votos y 10.300.000 Esto, a todas luces, no es una victoria: el partido ganador vence, pero no convence. Sus votantes son básicamente los mismos de siempre, y, conscientes de ello, basan su campaña en conseguir que el votante de izquierdas se abstenga. Y así ha sido: la diferencia de estas elecciones con respecto a otras convocatorias es que los ciudadanos con un pensamiento más inclinado a la izquierda no ha votado. Como explicaba el otro día, seguramente porque no se han sentido representados por ningún partido.

El perdedor, como vemos, es el PSOE. Ha perdido las elecciones, ha perdido el gobierno de varias Comunidades Autónomas y de varios ayuntamientos. Ha perdido a parte de su electorado, ha perdido la confianza de la gente. Ha perdido su línea de pensamiento para ceder a las líneas que le marcan las mal llamadas “leyes del mercado”. Lo ha perdido todo. Y es normal. Hace poco menos de un año que el aún Presidente del Gobierno aseguró que solucionaría la crisis costase lo que costase. Bueno, aún no hemos salido de la crisis. Pero costarle, le ha costado un ojo de la cara. Y lo que es peor: a todos los españoles, que hemos tenido que ayudar a los bancos causantes de todo esto perdiendo años de jubilación.

Ahora bien: si el PSOE ha perdido y el PP no ha ganado, ¿quién ha ganado? ¿No ha habido ganador? Por supuesto que sí. Sólo hay que ver la gráfica. El partido ganador ha sido el de la abstención. Y si le sumamos los votos en blanco y nulos, más aún. Casi lo mismo que la suma de PSOE y PP juntos. Miradlo bien. No es una metáfora. Es la realidad.

Habrá que valorar esto en su justa medida, y cada uno podrá sacar su conclusión. Ya sabemos las de los medios, y me encantaría saber las vuestras. Yo, amante feroz de que todos seamos consecuentes con nosotros mismos, os dejo algunas conclusiones y algunas preguntas:

–        El PP, que tanto ha hecho por negar la validez de los resultados electorales del 2004, debería plantearse ahora un poco de mesura en su satisfacción para así ser consecuente. Feo está no saber perder, pero peor aún es no saber ganar.

–        El PSOE debería plantearse qué hacer en este año que tiene por delante. Creo que lo más consecuente es dar un salto mortal hacia la izquierda. Es la única opción que tienen para rescatar a sus electores perdidos. Y, total, ya que parece que tienen las nacionales perdidas, ¿por qué no irse del gobierno con los deberes hechos?

–        El PP y el PSOE deberían ver esta gráfica y darse cuenta de que, unidos, sólo suman un 42 %. Esto significa que a más de la mitad de los españoles no les interesan sus discusiones, insultos y descalificaciones sobre quién es el mejor. Somos millones, millones, los que pensamos que tanta energía gastada en exabruptos podría emplearse en solucionar los problemas de este país.

–        El movimiento 15M debería continuar sus más que legítimas aspiraciones. Sé que se está haciendo, pues no dejan de llegar a nuestros correos todo tipo de mails con nuevas medidas y nuevas asambleas. Pero necesitamos urgentemente una cara, un líder carismático, una persona que aglutine los deseos que tenemos tantas y tantas personas.

–        ¿Es moral que un partido –en este caso el PP, pero me refiero a cualquiera- que sólo ha conseguido un 25% del voto total, tenga una mayoría absoluta que le permita maniobrar durante 4 años sin tener que dar explicaciones?

–        ¿Es moral que cada vez sean más frecuentes que en las ruedas de prensa los políticos no admitan preguntas? ¿Por qué aquellos a quienes pagamos con nuestros impuestos no admiten que les preguntemos qué hacen con nuestro dinero?

Por qué hacemos esto

(Artículo publicado en mi blog ernestofilardi)

Desde hace días organizo en Palermo las movilizaciones de la #spanishrevolution, aquí llamada #italianrevolution. No hace falta que explique qué es esto, porque hace sólo una semana que ha comenzado y ya no se habla de otra cosa. Pero me parece oportuno hacer algunas puntualizaciones porque se están escuchando demasiadas descalificaciones sobre este movimiento. No soy quién para hablar en nombre de nadie excepto de mí mismo, así que hablaré en mi nombre para defender -no justificar, sino defender- lo que estamos haciendo muchas personas en los cinco continentes.

En primer lugar, hay que entender que esto no es una cuestion partidista sino social. Es cierto que tiene connotaciones políticas por el momento en que se ha producido, pero el alcance que se pretende va mucho mas allá. Nos hemos acostumbrado a escuchar cosas como “el hombre es un animal político” o “todo es política”. Pero esto no es verdad.

La política es un instrumento creado por la sociedad para protegerse y mejorarse. Somos nosotros, ciudadanos, quienes pagamos con nuestros impuestos para que alguien se encargue de que todo vaya bien. Igual que, por ejemplo, un portero en una comunidad de vecinos. Pero la clase política ha aprovechado el poder que nosotros le hemos dado para utilizarlo contra nosotros.

No olvidemos esto: más allá de partidismos o posicionamientos de un lado u otro, lo que la sociedad necesita es recordar que el poder es nuestro, que decidimos cederlo cada cuatro años a quien consideramos oportuno. Así lo dice la Constitución en su artículo 2: “La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado.”

¿A qué viene entonces este tumulto en un momento así? ¿Es accidental que se haya producido antes de una convocatoria electoral? Por supuesto que no. Ante esta convocatoria, una buena parte de la sociedad se ha dado cuenta de que no se sienten representados por la clase política, y han decidido manifestar públicamente su impotencia a la hora de elegir a quién votar. No es casual que, desde hace meses, la clase política en general aparezca en las encuestas como uno de los cinco problemas más importantes en España. No confiamos en que la actual clase política pueda resolver nuestros problemas. Creemos que no están haciendo bien el trabajo por el cual les estamos pagando, y es por eso que se ha instaurado en España la noción de “votar en contra de” o “votar al menos malo” porque “todos son iguales”.

Todos son iguales. Esa es la frase clave. Cuando todas las opciones son iguales ninguna opción es válida. Cuando ninguna opción es válida no podemos elegir. Y cuando no podemos elegir, no hay una verdadera democracia.

Por pensar esto, algunas voces nos llaman antisistema. Por lógica elemental, si pedir una democracia verdadera es estar en contra del sistema, eso significa que el sistema no es verdaderamente democrático. Y un sistema que en el siglo XXI no es verdaderamente democrático es un sistema que necesita reformas. O, al menos, un replanteamiento.

Porque, lo repito una vez más, no estamos en contra de la política ni en contra de los políticos. Estamos en contra de estos políticos, porque pensamos que no nos representan. No queremos eliminar la figura del político, porque sabemos que es una figura necesaria. Tan necesaria, que queremos alguien digno para ostentarla.

Desde hace años, nuestros políticos han jugado al divide y vencerás. Por un lado, los que afirman que España se está rompiendo. Por otro, los que dicen “como vengan los otros vais a saber lo que es bueno”. Los partidarios de ambas opciones están tan enfrentados entre sí que es una utopía pensar que entre ellos pueda establecerse un dialogo cordial.

Frente a este divide y vencerás tan hostil como innecesario para la sociedad, de modo espontaneo ha surgido en España el sentimiento contrario: la unión hace la fuerza. Decenas de miles de personas en todo el mundo nos sentimos unidos por una idea comun. Una ilusión. Y de eso nos estamos encargando unos cuantos. De difundir lo que sucede, porque sabemos que aún quedan muchos miles de personas por unirse.

Los que estamos en Italia -y en Francia, y en Inglaterra, y en Holanda, y en tantos y tantos paises- no somos un ejemplo ni un modelo a seguir. Pero sí somos la prueba de que no es difícil conseguir que la sociedad se ilusione con un futuro mejor. Si yo puedo hacer lo que hago desde un piso de un barrio marginal de Palermo con una conexión a internet de prepago, ¿qué no podrán hacer con tantos medios y tanto dinero los políticos, a quienes se les paga por hacerlo?

Sólo se me ocurren tres opciones por las cuales los políticos no consiguen hacerlo: porque no saben, porque no pueden o porque no quieren. Desconozco cuál de las tres es la verdadera. Pero, sea cual sea, cualquiera de las tres les inhabilita para ostentar el cargo que tienen.

Recordadlo. Ellos no son nuestros jefes. Nosotros, ciudadanos, somos los suyos, porque somos nosotros quienes les pagamos. Nuestros empleados no están haciendo bien su trabajo, y tenemos derecho a exigir responsabilidades.

Comprendo que un movimiento de este calibre provoque todo tipo de opiniones, unas a favor y otras en contra. Siempre he intentado adoptar una actitud crítica en mi vida (es decir, la habilidad de obtener un criterio propio ante lo que sucede) y, como tal, estoy especialmente interesado en escuchar las opiniones críticas a este movimiento. Pero creo que las descalificaciones e insultos inhabilitan a quien los profiere, por muy coherente que sea su discurso. Es por eso que en mis líneas no encontraréis nada de eso. Y es por eso que os invito, por el bien de la sociedad de la que todos somos parte, a que a partir de ahora, sean cuales sean vuestros comentarios, dejemos el divide y vencerás de los insultos para adherirnos todos al la unión hace la fuerza del pensamiento crítico y constructivo.